MORIRSE EN INTERNET NO ES FACIL

Morirse en Internet no es fácil

Por Carme Chaparro

Morirse puede ser cosa de décimas de segundo. En la vida real, claro. Porque morirse en Internet no es fácil. En la red siguen activas millones de cuentas de correo, de redes sociales o de servicios en la nube de personas que han fallecido. Muertos que siguen enviando invitaciones para unirse a su cuenta de Linkedin, para que nos acordemos de su cumpleaños, para que veamos la última foto en la que ha sido etiquetado, para que leamos el último post en su blog o para que le ayudemos en su granja de Facebook. 

Si las familias no tienen las contraseñas del difunto, lo más habitual, no pueden acceder a las redes para eliminar los perfiles. La baja hay que tramitarla entonces red social por red social, servidor de correo por servidor de correo, en un proceso largo y doloroso. Incluso es fácil también que las familias desconozcan toda la presencia virtual del fallecido. 

Por eso comienzan a proliferar empresas que garantizan la muerte digital, con servicios que se ofrecen en la propia funeraria, junto al ataúd y las coronas de flores. Se anuncian intentando tocar la fibra sensible de los familiares.

Aunque, en algunos casos, los familiares optan por seguir gestionando los perfiles sociales del fallecido. Suele suceder con personajes famosos. El ejemplo más reciente lo tenemos en el actor Paul Walker, exitoso protagonista de la saga Fast and Furious. Desde la fecha de su muerte, su número de seguidores en Facebook ha pasado de 162.088 (el 20 de noviembre) a 6.889.006 a día de hoy. 

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Quién sabe si este perfil-homenaje acabará convirtiéndose en un negocio, como el de otros famosos muertos que siguen generando dinero desde sus nichos virtuales. 

El difunto virtual con más poder, y por lo tanto el muerto más rentable, es Michael Jackson. La cuenta de twitter creada por sus herederos tras su muerte suma un millón de seguidores. Pero el auténtico filón está en su canal de YouTube, que suma mil millones de reproducciones de los clips del artista (con el correspondiente pago por publicidad). Tras Jackson, un hombre que ni siquiera supo qué era una red social. Bob Marley tiene más de 40 millones de fans en Facebook, que siguen comprando desde la web productos de marketing relacionados con el rey del regaee. John Lennon, Whitney Houston, Elvis o Marilyn también siguen siendo una máquina de hacer dinero, después de muertos, en las redes. Son datos de un informe de la consultora Starcount para la revista Forbes. 

Así que quizá no sea tan descabellado lo que proponía el segundo episodio de la segunda temporada de la serie Black Mirror. Tras la muerte de su marido, una mujer contrata los servicios de una empresa que, gracias a toda la huella digital del fallecido, es capaz de programar un ordenador para que chatee y escriba emails en su nombre. En un segundo paso se puede incluso contratar un simulador de voz que mantenga conversaciones por teléfono. Es tan real que la viuda llega a creer que su marido está vivo. 

Para los que no lo habéis visto, no os explicaré hasta dónde llegan los servicios de esta empresa de recreación virtual de fallecidos. Pero ya os avanzo que asusta mucho. 

Quizá es el futuro que nos espera. Aunque da mucho miedo. 

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